domingo, 26 de agosto de 2012

Una convención pro-aborto y anti-Romney en Charlotte



Las convenciones son el mejor reflejo de la diferente forma en que republicanos y demócratas afrontan estas elecciones.

A diferencia de otros años, en la lista de oradores de la convención republicana destaca la ausencia de guerreros culturales, salvo Rick Santorum que se ganó en las primarias el derecho a hablar. Boston ha apostado por dar protagonismo a la nueva generación de gobernadores republicanos para hablar de resultados, y a personas del entorno de Romney para trazar el perfil del candidato. No hay Michele Bachmanns, Sarah Palins, ni siquiera Jim DeMints. La idea es evitar a toda costa la retórica incendiaria y los temas divisivos para concentrarse en abordar los problemas sobre los que existe consenso (una gran mayoría del electorado cree que la situación de la economía, el empleo y la deuda no es buena, y ese es un punto de encuentro).

En cambio, Chicago ha optado por dar voz en Charlotte a algunos de los activistas más radicales y divisivos en el campo de las luchas culturales: Planned Parenthood, NARAL o Sandra Fluke hablarán a los delegados; también lo harán algunos de los elementos más extremos e histéricos del Senado, como Barbara Mikulski. Y prometen hablar más de los republicanos y de Romney que de Obama.

Se fijan en la convención republicana de 2004, que fueron tres días de bombardeo anti-Kerry y un día de ensalzamiento del liderazgo de Bush. Pero hay un problema: los republicanos en 2004 atacaron a Kerry y a los demócratas en seguridad nacional, terrorismo y política exterior, temas prioritarios con el país combatiendo dos guerras. No estoy seguro de que el aborto y las causas feministas de hace 30 años formen parte de las prioridades del votante independiente este año.

Quieren hacer la de Bush en el 2004 pero puede terminar saliéndoles la del otro Bush en el 92 que, viendo que no podía hablar de economía, diseñó una convención sobre temas de fe y familia basada en la movilización de las bases más fundamentalistas y que tuvo su momento cumbre con el discurso de la "guerra cultural" de Pat Buchanan. Bush creía que la mayoría estaba de su lado si la elección se reducía a un debate sobre costumbres y modos de vida, pero la preocupación de los votantes estaba en otras cosas.

Además, puede terminar de dañar la imagen original de Obama entre aquellos que se la creyeron. Este hombre que en 2004 habló de que no existían estados azules y rojos, es hoy según Gallup el Presidente más polarizante desde la Segunda Guerra Mundial, un hombre dispuesto a reforzar la división para ganar la reelección. Gane o pierda, nunca volverá a ser el mismo, y si gana será un personaje muy tóxico en su segundo mandato, como le pasó a Bush 43.

James Taranto apunta lo mismo en The Wall Street Journal:
Still, we're inclined to agree that the Democrats are behaving recklessly in seeking to Akinize the GOP. They not only plan to put abortion at the center of their own convention--as the Washington Examiner reports, the list of speakers now includes the heads of the Planned Parenthood Action Fund and NARAL Pro-Choice America, not to mention abortifacient poster child Sandra Fluke--but the Hill reports they also plan to break with tradition and wage "a full-scale assault on Republicans next week during their convention."

The Dems' motives aren't hard to fathom. As the Hill notes, they "don't want to give the GOP a weeklong opening to shift the discussion back to jobs and the economy." But unless Mitt Romney or Paul Ryan experiences an Akinesque breakdown of discipline, the Dems risk doing more damage to themselves.

(...) If the Democratic Party's leaders think an abortion convention is the key to victory, they are living in a bubble, albeit a considerably more capacious one than Akin's. They expect everyone, or at least every woman--and that's a majority of the population right there!--to think as they do. "Why do any women vote Republican?" asked the New York Times's Charles Blow the other day, adding for good measure that it isn't the first time he's found himself "pondering" the question.

To be sure, there are women who are single-issue abortion voters. Living in a big liberal city, we've met more than a few of them. They are not swing voters. Oh, an abortion convention may drive up turnout among this demographic--but then it may have the same effect on single-issue antiabortion voters around the country.

It was in 1992, the year Pat Buchanan gave his "culture war" speech to the Republican National Convention, that James Carville, a strategist for Bill Clinton, coined the slogan "The economy, stupid." "Abortion, stupid" is almost sure to sink Todd Akin, but we doubt it will save Barack Obama. The Democrats may be in the process of turning an opportunity in Missouri into a disaster nationwide.