miércoles, 22 de agosto de 2012

El discurso modelo



Los expertos destacan el discurso de Richard Nixon en la convención republicana de 1968 en Miami Beach (completo en el video de arriba) como prototípico de lo que debe hacer un candidato para ganar: evitar los argumentos controvertidos e intentar ganarse a los no convencidos. Fue el punto álgido de una campaña sigilosa, de estas que en nuestro tiempo se han convertido en la norma.

Nixon escribió él mismo el borrador de aquel discurso apoyándose en los datos que le suministraba su equipo de encuestadores porque si algo había aprendido de sus derrotas era la importancia de sondear a la opinión pública para adaptarse a ella.

Sus encuestadores clasificaron problemas como Vietnam, crimen e inflación y las preferencias de los votantes sobre las soluciones a cada problema. Con la información de los sondeos hicieron perfiles de diferentes tipos de objetivos (votantes) acompañados de una serie de conclusiones con la posición que se debía tomar. Eso le permitió a Nixon explotar puntos en los cuales coincidían las posiciones de diferentes audiencias.

Así, cuando habló de crimen, se centró en la promesa de nombrar un Fiscal General más duro y jueces más conservadores para el Tribunal Supremo.

En cuanto a Vietnam, un asunto que dividía a la nación, evitó plantear soluciones que exacerbaran la división. La cosa iba así: primero, detallaba el problema reconociendo la noción del público, compartiendo su frustración; a continuación, se descargaba de responsabilidad, diciendo que "hay una posibilidad de que las actuales negociaciones puedan lograr un final honorable a la guerra y no diremos nada en esta campaña que pueda destruir esa oportunidad,"; luego, tenía palabras de reconocimiento para los héroes y de elogio para la "oposición leal" (los republicanos); y finalmente, prometía apoyar un final negociado y honorable a la guerra sin concretar nada. Resumiento, el público sentía que el candidato compartía su malestar y entendía como un gesto de generosidad que no aportase ideas propias durante la campaña para dejar que las negociaciones de paz prosperaran.

También hubo lugar para la emoción en la parte final. "Veo la cara de un niño. Vive en una gran ciudad. Es negro. Es blanco. Mexicano. Italiano. Polaco... ese niño en esa gran ciudad es más importante que la promesa de cualquier político. Es América. Es un poeta. Es un científico. Es un gran maestro. Es un orgulloso artesano. Es todo lo que alguna vez soñamos con ser y todo lo que nos atrevemos a soñar que somos. Duerme el sueño de la infancia y sueña con sueños de niños. Sin embargo, cuando despierta, despierta a una pesadilla viviente de pobreza, abandono y desesperación..." Con esas palabras empezaba el pasaje en el que explotaba la tensión entre la pesadilla americana de los niños que crecían para morir en las junglas vietnamitas y el sueño americano personificado en su propia historia.

Ese final era atípico en el estilo de Nixon. De hecho no lo escribió él, fue un aporte de William Gavin, uno de sus redactores habituales. Sirvió para convencer a los votantes de que Nixon era digno de confianza y el hombre apropiado para el cargo.

El discurso fue bien recibido tanto por los delegados como por el público en general.