viernes, 10 de agosto de 2012

La Vicepresidencia...

"La Vicepresidencia no vale ni un cubo de pis caliente," dijo John Nance Garner, el primer Vicepresidente de FDR. Sabía de lo que hablaba; había dejado el influyente cargo de Speaker of the House para convertirse en el Vice de un Presidente que no tenía intención de retirarse en su vida.

Antes que él, el primer hombre que ocupó el cargo, John Adams, ya dejó escrito que es "el más insignificante puesto que nunca la invención del hombre ideó o concibió la imaginación."

La Constitución no establece más funciones para el Vicepresidente que la de "presidir" el Senado y emitir el voto decisivo para aprobar una legislación en caso de empate. Lo demás depende de lo que el Presidente le encomiende. Algunos Presidentes, como Carter, Clinton o W. Bush otorgaron mucho peso a sus Vices en los procesos decisorios, pero fueron excepciones históricas.

Normalmente, suelen ser cuerpos extraños en el círculo íntimo del Presidente. Lo más emocionante en el mandato de la mayoría de los 47 Vicepresidentes que ha habido, fueron los viajes a países exóticos, representación en funerales de Estado o, como en el caso de Biden, entretener a la prensa el día de San Valentín.

PERO hay algo que lo convierte en una tentación irresistible: solo un latido de corazón lo separa de la Presidencia. Algo tan insignificante como un fallo en la tensión y distensión de un órgano musculoso puede convertir a un hombre marginado en la administración, en cabeza de la misma. Así que sí, vale la pena ser Vicepresidente, y los hombres y mujeres que en estas horas esperan la llamada de Romney tienen motivos para estar emocionados.

Como muestra, os dejo los dos capítulos del documental 'El asesinato de Kennedy, 24 horas después' (cada capítulo dura 45 minutos) que narra cómo en unas pocas horas Lyndon Johnson pasa de ser un don nadie (desinformado, marginado, frustrado) dentro de la Administración Kennedy, a estar al mando del país.