jueves, 23 de febrero de 2012

Debate en Mesa



Mitt Romney y Rick Santorum intercambiaron acusaciones en un debate centrado más en las diferencias triviales entre candidatos, que en los asuntos de peso.

Santorum salió peor parado porque siempre es más complicado defender el historial de votos de un legislador en asuntos nacionales, que el del jefe ejecutivo de un estado. El ex Senador por Pennsylvania estuvo toda la noche a la defensiva, justificando su apoyo a la reforma de 2001 que expandió el rol del gobierno en la política educativa, a una ley de hace mil años que proveía anticonceptivos, a la candidatura presidencial del republicano liberal Arlen Specter en 1996, y, sobre todo, su apoyo a la asignación de fondos especiales a los estados.

"Cuando yo luchaba por salvar las olimpiadas, usted luchaba por salvar el 'puente a ninguna parte'," le dijo Romney, utilizando "el puente a ninguna parte" como impopular símbolo de esos fondos especiales que a los senadores les gusta incluir para sus estados en proyectos nacionales que nada tienen que ver. Santorum, frustrado, tuvo un par de reacciones desaconsejadas en un debate, como cuando le dijo a Romney, "no sabes de lo que hablas," o cuando se quejó del apoyo del público del debate a su rival (ventaja organizativa de Romney, una vez más).

Romney tampoco salió indemne. Santorum le acusó de haber pedido fondos especiales para los Juegos Olímpicos de Salt Lake City, y de haber creado un modelo para el ObamaCare con la reforma sanitaria de Massachusetts. Pero llegó mejor preparado al debate para contraatacar; por ejemplo, camufló su apoyo a los rescates de Wall Street, recordando que Santorum apoyó en el pasado los rescates de las aerolíneas y de la industria siderúrgica. Además, fue el mejor defendiendo la libertad religiosa, y presentó posiciones conservadoras en todos los asuntos, incluyendo un elogio a la dura ley migratoria de Arizona.

Gingrich tuvo un papel secundario que aprovechó bastante bien. Volvió a mostrarse como un político más adulto que sus rivales, contrastó sus ideas con las de Obama, y argumentó convincentemente que es el candidato más dotado para reformar Washington DC. También complació al público con un nuevo ataque contra "los medios de élite" que no desafían el apoyo de Obama al "infanticidio."

Ron Paul tuvo sus momentos. Más allá de sus polémicas posiciones en política exterior (volvió a defender que no existen evidencias sobre las ambiciones nucleares de Irán), ofreció la respuesta más franca en el debate sobre la anticoncepción, y fue tanto o más efectivo que Romney criticando a Santorum. Describió a Santorum como un conservador "fingido," e invalidó su afirmación de que la política es un juego de equipo (Santorum lo había dicho para justificar su apoyo al No Child Left Behind), señalando que el compromiso de un político es con el país y la Constitución, no con el partido.



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2 comentarios:

JH dijo...

¿Cómo puede afectar esto al resultado en Michigan y Arizona? ¿Puede Romney conseguir remontar e ir salvando poco a poco la nominación?

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Puede venirle bien. Dependerá de cómo explote en los próximos días los temas tratados en el debate.

Pero para atar la nominación aún es pronto, visto lo visto. Después de ganar en New Hampshire, todos creíamos que ya tenía la nominación, y se le complicó en Carolina del Sur; después de ganar en Florida ya sí parecía que imparable, y volvió a encontrarse en problemas en menos de dos semanas. Así que bien podría ganar en Arizona y Michigan, y luego volver a tener un disgusto el SuperMartes.