martes, 24 de enero de 2012

Florida y la secuencia ganadora


Jimmy Carter hace campaña en Tallahassee, Florida en febrero de 1976. (Foto: State Archives of Florida)

En la historia reciente, la estrategia de todos los candidatos presidenciales ha consistido en buscar una secuencia perfecta, entendida como un conjunto de actos (por encima de todo, victorias en primarias y caucuses) ordenados de tal modo que cada uno determina el siguiente. Una secuencia de victorias genera momentum, el momentum genera recursos tradicionales de campaña como dinero, voluntarios, atención mediática y endorsements, y esos recursos conducen a otras victorias.

Y Florida, por su tamaño, por sus disparidades demográficas, y por su peso en la elección general, es el estado perfecto para encontrar, recuperar o continuar esa secuencia ganadora.

El mejor ejemplo lo tuvimos en las primarias demócratas de 1976, cuando Florida todavía acogía la primera primaria sureña. El desconocido ex Gobernador de Georgia, Jimmy Carter, sorprendió a todos en Iowa, derrotó a Mo Udall en New Hampshire, y perdió frente a Henry Jackson en Massachusetts en una primaria sin demasiada trascendencia. Después tocaba Florida.

Carter tenía en su equipo a uno de los mejores encuestadores de su generación, Patrick Cadell, que entonces no era más que un mocoso de 25 años recién graduado por Harvard, que cuatro años antes había hecho sus primeros pinitos con McGovern. Caddell escribió un memorándum para la campaña que decía, "Creo que no hay ninguna duda de que debemos ganar en Wisconsin, evitar el ridículo en Nueva York, y derrotar a Henry Jackson en Pennsylvania, y luego en Indiana, para lograr un final rápido de las primarias. Mi posición es que, salvo que consigamos asegurar rápido una victoria en la primera votación o algo parecido, este partido nos va a negar la nominación. No somos populares con las élites."

Para que la secuencia de Caddell se cumpliera, era imprescindible ganar antes en Florida. El estado soleado llevaba meses en el visor de la campaña de Carter. Cuando la Legislatura de Florida, en 1975, estudió una iniciativa para retrasar la primaria hasta mayo, el equipo de Carter reaccionó con rapidez enviando al abogado Charles Kirbo y reclutando al Gobernador Reubin Askew y al Speaker de la Legislatura, Don Tucker, para que impidieran el cambio de fecha.

¿Por qué ese interés en Florida desde tan temprano? Porque era el único estado sureño en la primera fase de primarias e iba a suponer la primera confrontación de Carter con George Wallace, el segregacionista Gobernador de Alabama, ganador de la primaria de Florida en 1972, al que necesitaba eliminar temprano para hacerse con todo el Sur. Sin duda, era más aconsejable reducir a Wallace en Florida que tener que hacerlo en la más rural Carolina del Norte.

Caddell y su firma Cambridge Survey Research, de 60 empleados, descubrieron que Carter era conocido en el norte de Florida, en los condados limítrofes con Georgia, pero en Miami sólo un 13% de los votantes era capaz de reconocerlo. Como los candidatos más liberales habían renunciado a competir en Florida, Caddell recomendó a Carter que pusiera el énfasis en los jóvenes, los católicos y los negros de Miami, Palm Beach, Tampa y Orlando. Carter le hizo caso y repartió sus 21 días en el estado entre el Sur y la zona central; no visitó las regiones del norte, ni el Panhandle, donde dominaba Wallace, ni la zona de Jacksonville, donde era suficientemente conocido.

La estrategia dio resultado. Carter derrotó a Wallace por tres puntos y se confirmó como el favorito para la nominación demócrata. Su victoria recibió una cobertura muy positiva en la prensa nacional; fue presentada como la victoria del Nuevo Sur de la integración racial (Carter) sobre el Viejo Sur racista (Wallace).

Con una nueva victoria y la simpatía de la hasta entonces escéptica prensa nacional, la secuencia de victorias de Carter sería imparable: volvió a derrotar a Wallace en Carolina del Norte, eliminando así a su único rival por los delegados de su base sureña; derrotó a Henry Jackson en Pennsylvania, obligándole a retirarse; y en Wisconsin remontó la ventaja de Mo Udall, el favorito de los sindicatos, eliminándolo como adversario serio.